19/09/2017

La desperonización de Cristina

A un mes de la derrota electoral de 2015, Juan Manuel De la Sota anunciaba el final del ciclo kirchnerista y llamaba a recuperar “el ideario del mejor Perón”. Proponía devolverle al peronismo “su perfil socialcristiano, de centro”. Esta misma posición tomó por estos días Miguel Ángel Pichetto: “El PJ debe volver a ser un partido de centro nacional”, propuso, luego de definir a Unidad Ciudadana como “una fuerza de centro izquierda”.

No son pocas las figuras del PJ que comienzan a leer la experiencia kirchnerista como una anomalía dentro de la tradición peronista. Coinciden curiosamente con la lectura que despliegan los analistas liberales, súbitamente preocupados por ordenar el discurso anticristinista al interior del peronismo. Hasta el momento, la estrategia consiste en presentar al kirchnerismo como un movimiento de izquierda que ha encontrado su cauce natural por fuera del PJ. Este intento de ‘desperonización’ de Cristina no tiene otro objetivo que aislarla políticamente y allanar el camino para una renovación por derecha del peronismo.

Ciertamente, la desperonización a la que se busca someter la figura de Cristina se superpone con la propia estrategia de campaña de la ex presidenta. En un contexto de dispersión partidaria, de cooptación de liderazgos por parte del estáblishment económico y de crisis generalizada de las estructuras partidarias tradicionales, Cristina apostó por un frente propio y una campaña lavada de simbología peronista. Desconocer su liderazgo al interior del PJ a partir de una estrategia de ocasión parecería absurdo. Más aún cuando supone desconocer la ascendencia peronista de los más de 30 intendentes que la acompañan.

La irracionalidad aumenta cuando se constata que Cristina fue la candidata peronista más votada en las Paso. Cerca de tres millones de votos (2.991.630) separan a la ex presidenta del frente comandado por Juan Manuel Urtubey, una de las cartas presidenciables del estáblishment liberal, quien aseguró que Cristina “no puede conducir algo a lo que no pertenece [porque] ya no forma parte del peronismo”.

La diferencia entre los votos de Cristina y los menos de 150 mil capturados por el FPV de Río Negro vuelven aún más ridículas las afirmaciones de Pichetto, quien mandó a “la señora” a formar su propio bloque en el senado.

La confusión entre partido y movimiento en la que recae Urtubey haría sonrojar al propio Perón; no menos que la negativa de Pichetto a encolumnarse detrás de un líder natural refrendado multitudinariamente en las urnas. Lo que estas apreciaciones evidencian es una incompatibilidad en la matriz peronista de unos y otros. “Recuperar el ideario del mejor Perón”, nos pedía De la Sota. Nunca está de más volver a revisar cuán peronista fue la experiencia kirchnerista.

El ideario “del mejor Perón” ofrece tres banderas que algunos referentes del PJ parecen haber arriado hace tiempo. Justicia social, independencia económica y soberanía política dan forma a un claro mapa de acción política. ¿Lo recordará Pichetto cuando se ufana de que “todas las medidas” del macrismo han sido apoyadas por su bloque? ¿Lo recordará Urtubey cuando aspira a un peronismo “que dentro de dos años diga que ayudó a que al gobierno le vaya bien”?

El peronismo fue históricamente un crisol de razas políticas que incluyó especímenes de las más diversas calañas. Pero su decadencia doctrinaria no llegaría sino hasta los neoliberales ’90. Pocos se animarían a negar que fueron Néstor y Cristina Kirchner quienes volvieron a alzar aquellas viejas banderas olvidadas. Repasemos algunas obviedades: la justicia social puede encontrarse en las paritarias anuales, en la creación de escuelas y universidades, en la reducción de la brecha digital y en la AUH; la independencia económica en el “No al ALCA”, en la reestructuración de la deuda, en la expulsión del FMI y en la lucha contra los fondos buitres; la soberanía política en el no alineamiento con los intereses de los EEUU, en la consolidación del Mercosur y la Unasur, y en el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas con Rusia y China.

Lejos del radicalismo de izquierda que les imputan las lecturas liberales, los gobiernos de Néstor y Cristina recuperaron el horizonte peronista de un capitalismo solidario, que distribuye acceso al consumo, a la cultura y a la información. Aquella “tercera posición” de Perón, a medio camino entre liberalismo y socialismo, tuvo su voluntariosa reencarnación. Las muchas limitaciones que sin dudas tuvo el proceso no invalidan que haya sido el kirchnerismo la primera experiencia pos-Perón que realmente logró recuperar lo mejor del ideario peronista.

Tanto Perón como los Kirchner persiguieron un equilibrio de centro que nunca llegaría. Tal vez porque los centros en política no existen, porque la dinámica capitalista es una dinámica de ‘manta corta’ donde los equilibrios están siempre en fuga. De triunfar la racionalidad del máximo beneficio empresarial, el sector del trabajo resignará derechos y participación en la renta; de iniciarse un nuevo período de conquistas laborales, se abrirán nuevos frentes de presión política y económica por parte del capital. El “fifty-fifty” es un punto de paso; la disputa se resuelve por izquierda o por derecha. Si Perón y los Kirchner lograron habilitar conquistas sociales y salariales, fue siempre por izquierda, aunque su narrativa fuera de centro.

Hoy que la alternativa peronista del estáblishment se ofrece como una “vuelta” al centro, el corrimiento es sin dudas hacia la derecha: “El peronismo y los gobernadores hicieron un aporte importante en las medidas económicas que el gobierno impulsó”, aseguró Pichetto ante la cristalería del Rotary Club. Fue la misma charla en la que instó a la ex presidenta a formar un bloque propio en el senado. Cristina sigue siendo demasiado peronista para cierto peronismo.



15/09/2017

Almanaque Wak! (antología)

El vértigo con el que escribo páginas de cómic no ha cesado, aunque los proyectos de largo aliento en los que estoy enmarañado hayan reducido el promedio de publicaciones por año. El hiato en que ingresó Revista Exégesis (mi patio de juego por excelencia) también ha tenido su cuota de responsabilidad. Pero este año tuve el honor de volver a colaborar con uno de los dibujantes que más admiro, y a quien en cierta forma había espantado luego de una primera colaboración allá por el año 2010. Franki me ofrecío guionar una breve historia para la antología española 'Almanaque Wak!', bajo la temática ‘Exhibicionismo 2.0’. Metí en una misma bolsa redes sociales y estereotipos mafiosos, y salió ‘La otra Face del crimen’, un corto de humor de cinco páginas al que Fran agregó sus incomparables personajes.

El ‘Almanaque Wak!’ acaba de salir a la venta. Una docena de trabajos que aún no he tenido la suerte de leer, pero con algunas firmas que aprecio. Ya puede encargarse, por un puñado de euros (aquí).






29/08/2017

Macrismo y kirchnerismo, relatos y utopías

Cambiemos ha logrado asentarse en el terreno de la esperanza [1], ese terreno enmarañado de subjetividad y marcos interpretativos sobre el cual operan con habilidad los medios concentrados. El mero contraste entre la bonanza K y el ajuste M desconoce aspectos retóricos donde el kirchnerismo fracasa y el macrismo todavía triunfa. Es el terreno de las narrativas. Parte de la respuesta a la consolidación electoral de Cambiemos debe buscarse en el diferencial positivo que el relato macrista logra frente al debilitado relato kirchnerista, su principal contendiente discursivo.

Lo ‘real’ para los seres humanos está entretejido de memorias pasadas y experiencias presentes, pero nuestras acciones se orientan siempre en torno a una percepción sobre el futuro. Una parte crucial de la disputa política no se da en la materialidad del presente, sino en el terreno más inestable de la utopía. El horizonte utópico del kirchnerismo fue un capitalismo solidario, ordenado a partir de la intervención reguladora del Estado. Al kirchnerismo, sin embargo, le tocó en suerte una etapa del desarrollo capitalista que no deja margen para la domesticación del capital, varias veces más poderoso que cualquier Estado. Puestos a regularlo, el único resultado será la apertura de múltiples frentes de confrontación, la creación de un estado de tensión económica constante, y el paulatino desgaste de quien asuma la lucha.

El horizonte ordenador del kirchnerismo acabó revelándose como un proyecto antagonístico sin solución, caracterizado por avances y retrocesos cíclicos, y por un enfrentamiento creciente con las distintas caras del estáblishment económico. La utopía de un orden posible terminó por asumirse como un futuro eternamente inestable, hasta el punto de que los logros de gestión dejaron de ser mensurables, pues ya no había estado de equilibrio que sirviera como referencia. Como si esto fuera poco, el horizonte se negativizó: de multiplicar las voces, se pasó a impedir la consolidación de los oligopolios mediáticos; de hacer crecer el salario, a procurar que no caiga frente a la inflación; de reducir la pobreza, a que no aumente demasiado.

Los procesos políticos y sociales acaban tomando la forma posible, nunca la deseable. El kirchnerismo debió lidiar con un corsé ético y productivo. En su ímpetu contrahegemónico, empujó los límites del capitalismo como nadie lo había hecho desde el primer peronismo; pero los proyectos de orden social son cada vez más difíciles de efectivizar sin entregarse a los designios del capital, o sin huir hacia el socialismo. Las derrotas políticas que sufrió el kirchnerismo dan cuenta de que no estaban dadas las condiciones para llevar su utopía imperfecta un paso más allá (otra discusión sería si estuvo alguna vez en la ADN de Cristina hacerlo).

Ante este retroceso, el macrismo ha logrado temporariamente imponer su propio horizonte, una utopía de desarrollo capitalista y desregulación de los mercados, un orden económico y social que en términos fácticos solo puede lograrse mediante la renuncia del sector del trabajo a una buena porción de sus derechos y de su nivel de vida. Claro que el relato macrista no viene con un prospecto de efectos adversos (“No expliques nada,” fue la recomendación de Durán Barba a Sturzenegger).

El proyecto macrista despliega una retórica modernizadora que en términos materiales supone la aplicación de un modelo liberal de periferia como el de Chile, Perú, Colombia o México, a cuál más desigual y socialmente conflictivo. La narrativa modernizante, sin embargo, remite en el imaginario social a modelos europeos que están lejos de ser los que el gobierno tiene en mente (“El modelo que quiere Macri es India”, llegó a confesar Michetti). Esta modernización se expresa en objetivos claros y cuantificables: el reordenamiento macroeconómico, la lucha contra la inflación, la apertura a los mercados internacionales, la reducción de retenciones y subsidios, las reformas estructurales, o el reencauzamiento de los poderes del Estado.

El carácter cuantificable de cada uno de estos ejes facilita la evaluación de los resultados de gestión y vuelve a la utopía M más verosímil que la difusa utopía K. Al votante medio se le podrá escapar que las altas tasas de interés fomentan la bicicleta financiera y financian la fuga de divisas; pero este votante sabrá que el gobierno lucha contra la inflación, y que sus resultados podrán cotejarse a comienzo de cada mes. De igual modo estará claro para él que el gobierno enfrenta la corrupción y las mafias, mensurable en número de denuncias, procesamientos o detenciones. Poco importa que la economía y los escándalos que logran filtrarse a través de la malla de protección mediática los contradiga; nada afecta su carácter mensurable, y por lo tanto su verosimilitud. En teoría, los ejes de este relato podrían sobrevivir incluso a un eventual fracaso económico, imputado luego a la corrupción o a la impericia del macrismo. Todavía son muchos los que leen la década del ’90 desde esta perspectiva.

En cualquier caso, y aunque por momentos el relato macrista corra el riesgo de caer en la pura negación del kirchnerismo, lo cierto es que todavía logra presentar un horizonte positivo de bienestar económico y gestión transparente. El kirchnerismo, en cambio, carga con la debilidad estratégica de no poder reactivar su vieja utopía reguladora ni de lograr proponer una utopía renovada. Su proyecto de Estado intervencionista fue derrotado en las urnas numerosas veces hasta llegar al clímax de 2015. La bonanza real del pasado K hoy no está en condiciones de competir con el bienestar ilusorio del futuro M. Quizás por eso mismo parte de la militancia kirchnerista ha hecho del retorno de Cristina su propia utopía, una utopía que remite a los conflictos de un pasado antagonístico al que buena parte de la sociedad no parece desear volver, por lo menos en el corto plazo. Cristina da señales de entender la situación cuando se corre del debate político, convirtiéndose en la madre ausente del mensaje antimacrista.

Más allá de los resultados electorales presentes y futuros, más allá de los límites estructurales y políticos que enfrenta el proyecto de Cambiemos en un país de sólida tradición sindical y peronista, el campo popular no podrá volver a consolidarse en el poder sin la articulación de un horizonte utópico renovado, superador del tambaleante capitalismo solidario de antaño. Como principal fuerza opositora, el kirchnerismo está obligado a repensarse. Un proyecto de reforma constitucional que siente las bases de una sociedad verdaderamente solidaria podría ser un buen punto de partida.

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[1] Aunque el Índice de Confianza del Consumidor de los últimos meses muestre la peor percepción de la situación personal desde 2003, la expectativa positiva para el año próximo es una de las mayores de toda la serie. Estos datos son coherentes con la encuesta de la UNSAM, para la cual un 53,9%  declara estar peor que con el kirchnerismo, mientras que un 60,8% confía en que el gobierno logrará revertir la situación. A falta de margen económico para actuar sobre la realidad material, la campaña electoral de Cambiemos se volcó sobre este terreno de las expectativas: “Cómo no sentir esperanza, si juntos, estamos haciendo lo que no se hizo en 25 años”, aventuraba el spot oficial. La sorpresa generalizada dentro del propio oficialismo por el pseudo-empate bonaerense es también prueba de que Cambiemos trabaja sobre un terreno que sabe volátil.



Colón y la propiedad privada: del indio generoso al indio ladrón

«Colón va a declarar que los indios son la gente más generosa del mundo, con lo cual hace una contribución importante al mito del buen salvaje. "Son [...] sin codicia de lo ajeno" (26.12.1492). "Son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creerá sino el que lo viese" ("Carta a Santángel", febrero-marzo de 1493). "Y no se diga que porque lo que daban valía poco, por eso lo daban liberalmente -dice el Almirante-, porque lo mismo hacían, y tan liberalmente, los que daban pedazos de oro como los que daban la calabaza de agua; y fácil cosa es de cognoscer -añade- cuando se da una cosa con muy deseoso corazón de dar" (Diario, 21.12.1492).
En realidad, el asunto es menos fácil de lo que parece. Colón lo presiente cuando, en su carta a Santángel, recapitula su experiencia: "...ni he podido entender si tienen bienes propios, que me pareció ver que aquello que uno tenía todos hacían parte, en especial de las cosas comederas" (febrero-marzo de 1493). ¿Daría otra relación con la propiedad privada una explicación de esos comportamientos "generosos"? Su hijo Hernando también lo atestigua, al relatar un episodio del segundo viaje. "Tan pronto como entraban en aquellas casas [que pertenecían a los naturales del lugar] algunos indios que el Almirante llevaba consigo de la Isabela, cogían lo que más les gustaba, sin que los dueños dieran muestras de desagrado, como si todo fuese común. De igual modo, los de aquella tierra, cuando se acercaban a algún cristiano, le tomaban lo que mejor les parecía, creyendo que entre nosotros había también aquella costumbre. Pero no les duró mucho tal engaño" (51). Colón olvida entonces su propia percepción, y declara poco después que los indios, lejos de ser generosos, son todos ladrones (inversión paralela a la que los transforma de los mejores hombres del mundo en violentos salvajes); de golpe, les impone castigos crueles, los mismos que se usaban entonces en España: "Y porque en este camino que yo hice a Cambao acaeció que algún indio hurtó algo, si hallardes que alguno d'ellos furten, castigaldos también cortándoles las narices y las orejas, porque son miembros que no podrán esconder" ("Instrucción a mosén Pedro Margarite", 9.4.1494).»
Tzvetan Todorov (1982) La Conquista de América.

23/06/2017

Arsenal: el perfil liberal de Cristina

La ex presidenta logró, por una vez, unificar al amplio y contradictorio espectro de los analistas mediáticos. Una unidad hecha de sorpresa y, cómo no, de sincero desconcierto. La respuesta al acto de Arsenal fue un estallido de interpretaciones dispares y hasta contradictorias, al que no podemos más que aportar alguna que otra esquirla, algún que otro perdigón.

Tal fue el desconcierto, que mientras la tapa de Clarín había visto un discurso “muy duro” contra el gobierno, Joaquín Morales Solá se ofendía por la blandura retórica de la ex mandataria. “Habló como si no hubiera sido la presidenta de los discursos violentos y difamatorios”, escribió con sincero enojo. Y mientras Sandra Russo aplaudía la jugada comunicativa como una “acción política renovada y readaptada a las circunstancias históricas”, el cronista de La Izquierda Diario en Arsenal aseguraba haber sido testigo de la desilusión de las multitudes K, incapaces de procesar la nueva estrategia discursiva de su líder.

Uno podría pensar que las incompatibilidades interpretativas que genera el fenómeno Cristina responden a que se lo suele abordar desde una mirada unívoca, que destaca su rostro populista (su proximidad con las masas, su carácter antagonístico, su retórica épica), pero que omite su costado más incómodo para el estáblishment: su perfil capitalista.

Ciertamente, el martes hubo sorpresa entre las filas militantes. Incluso, hubo quienes habían llegado a Sarandí creyendo que la salida del PJ anticipaba una radicalización por izquierda de Cristina. Entre los folletos que se entregaban a metros del estadio, destacó el análisis de la Tendiente Piquetera Revolucionaria, que describía al frente Unidad Ciudadana como una oportunidad para la construcción de “un frente de izquierda, chavista, combativo y antisistema”. El acompañamiento de los intendentes del conurbano debió haber bastado para invalidar este análisis. Y sin embargo, fue la misma lectura en la que incursionaron incluso distintos analistas liberales en los días previos al acto, tal vez motorizados por el deseo de aislar a Cristina del PJ antes que por un análisis político honesto.

En Arsenal, esas previsiones se esfumaron. El frente Unidad Ciudadana hizo honor a su republicano nombre y se presentó como una propuesta liberal, con todos los condimentos de la socialdemocracia y el republicanismo europeo: un discurso de unidad donde los antagonismos se reducen a modelos de gestión, donde las luchas sociales se articulan en torno a un horizonte de derechos, y donde el mercado es presentado como la clave para el desarrollo nacional.

Cristina dejó atrás el atril de la retórica populista e ideologizante y se subió a la misma tarima despojada de la narrativa macrista, donde ya no hay lugar para enfrentamientos sectoriales y donde la política se enmascara detrás de una promesa de consenso basado en el carácter igualador de los mercados. Cristina aceptó jugar en el terreno discursivo delineado por su contrincante (o sus contrincantes): el terreno de la retórica liberal. A pesar de la aparente contradicción que creen ver los analistas del estáblishment, se trata de un terreno que la potencia. No importa todo lo que se haga por asociar al kirchnerismo con lo antisistémico (asociación en la que ingresan con demasiada liviandad acusaciones de ‘chavismo’, ‘bolchevismo’ y ‘montonerismo’), el  eje de la igualación kircherista fue siempre el consumo. El principal derecho distribuido, la principal fuerza igualadora durante los dos gobiernos de Cristina fue el acceso a bienes, a las mieles del capitalismo.

Algunos creímos ver tras la derrota de 2015 que este consumo, despojado de conciencia política, explicaba en parte el debilitamiento repentino de un proyecto de clara matriz distributiva. Pronto notamos, a medida que se consolidaba el modelo económico del macrismo, que ese hábito de consumo constituía la verdadera pesada herencia del kirchnerismo, la verdadera bomba económica arrojada por debajo de la puerta de los proyectos liberales por venir. En su retórica capitalista, el macrismo no puede prometer otra cosa que no sea un futuro de acceso a bienes de consumo; pero es una promesa que se articula al mismo tiempo en que ese acceso se reduce para la mayoría de la población. Esto explica la desesperación del oficialismo por correr la discusión política por fuera del eje económico, algo difícil de lograr para Macri, quien encarna en sí mismo un modelo económico, pero que podría conseguirse a través de figuras menos asociadas al ámbito empresarial (léase Vidal, Bullrich o Manes).

Mientras el oficialismo huye de su propia arena, Cristina llama a discutir ‘gestión capitalista’, que no es otra cosa que discutir ‘macrismo’. Pero no es cierto que para eso deba adentrarse, incómoda, en un terreno que le es extraño. Ese terreno también le pertenece. De los muchos rostros que ofrece el fenómeno Cristina, ahora ha decidido priorizar su rostro liberal. No hay aquí ninguna metamorfosis política, apenas un cambio de perfil. El objetivo es una población que, sin dejar de creer en las bondades del liberalismo, ha empezado a notar que Cristina las gestionaba con mayor habilidad que el actual presidente.


26/04/2017

La pregunta por el sentido común

"¿Es preferible 'pensar' sin tener conciencia crítica de ello, de modo disgregado y ocasional, o sea, 'participar' en una concepción del mundo 'impuesta' mecánicamente por el ambiente externo, (…) o es preferible elaborar uno su propia concepción del mundo consciente y críticamente, y por tanto escoger la propia esfera de actividad en conexión con ese esfuerzo del cerebro propio, participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de sí mismos en vez de aceptar pasivamente y supinamente la impronta puesta desde fuera a la personalidad?"
Antonio Gramsci (2010) Antología - Volumen 2.

01/02/2017

Macri y la obstinación ideológica como motor político

Con su último traspié vía decreto, el gobierno de Macri ha dejado expuesto un modo concreto de gestión que para muchos no pasaba de ser una sospecha. Si hasta el momento podíamos confundir algunos tropezones del gobierno como 'torpeza' o 'falta de experiencia’, el DNU que estableció la movilidad del feriado del 24 de marzo nos obliga a plantearnos otra explicación: estamos ante un gobierno eminentemente ideologizado. Esto no significa que pueda existir, acaso someramente, un gobierno sin ideología. Lo que parece mostrársenos con nitidez es que, para Macri, la ideologización de las decisiones políticas tiene preponderancia aun por sobre las consideraciones de oportunidad y estrategia. O, lo que es lo mismo, por sobre toda racionalidad política.

Desde un punto de vista meramente táctico, el DNU que afectaba el Día de la Memoria carecía de sentido. El propio Morales Solá se alzó en alarma debido a la sumatoria de polémicas innecesarias que, para su preocupación, corren el riesgo de debilitar al gobierno:

“El 24 de marzo de este año será un viernes. ¿Para qué cambiarlo al lunes si lo mismo hubiera significado un feriado largo? Los próximos dos años caerá un sábado y un domingo sucesivamente. El primer problema lo tendrá el gobierno que esté en el año 2020, cuando caerá un martes. La modificación de día carece de sentido político porque hiere la sensibilidad de sectores sociales y somete al Presidente a una polémica inservible.”

Aunque una rápida lectura opositora interpretaba que el gobierno buscaba evitar una movilización multitudinaria como la del 2016, esta lectura se debilita cuando se confirma que no es fácil forzar una desmovilización un día viernes, aunque sea laborable. Desde cualquier punto de vista, la medida carecía de sentido de oportunidad.

Se trataba, claro está, de una medida simbólica: el objetivo era el mensaje, no la acción concreta. Así lo interpretó Estela de Carlotto, para quien el decreto fue “una provocación al dolor, a la lucha”. La inmediata reacción de organismos de Derechos Humanos, gobernadores e intendentes, era fácil de prever. No hay estrategia política que pueda explicar la toma de una decisión simbólica como esta (potencialmente nociva para la imagen del gobierno y cuya aplicación no se podrá efectivizar durante su gestión). Descartado el error o la imbecilidad, la única explicación posible es la ideología.

A nadie sorprende el destrato del presidente hacia los organismos de Derechos Humanos y hacia la lucha por Verdad, Memoria y Justicia. Después de todo, Mauricio Macri es heredero de un imperio familiar que creció y prosperó al amparo de la dictadura, un imperio que de la mano de Sigaut, Cavallo y Melconián, se benefició con la estatización de la deuda privada (llanamente: la transferencia de la deuda en dólares del grupo Macri a todos los argentinos). Después de todo, Mauricio Macri es el mismo que calificó de “curro” las políticas de Derechos Humanos de la última década, asociadas a la voluntad política del kirchnerismo pero aplaudidas por un amplio espectro ideológico, tanto a nivel nacional como internacional.

En suma: Macri ha confirmado que para él la ideología se impone a la estrategia. La concepción individual del mundo, tal como la vislumbra el presidente, prevalece ante un análisis de las condiciones materiales para su aplicación. Esta constatación no solo resulta paradójica para alguien que se ha propuesto “menos ideología y más comercio”, sino que es, en definitiva, señal de una profunda incapacidad política.

Los gobiernos pueden hacer apuestas ideológicas, pero nadie hace apuestas ideológicas sin un claro análisis de coyuntura y de correlación de fuerzas. Hecho este análisis, nada exime a un gobierno de cometer errores de cálculo; pero lo que el DNU de Macri nos indica es que no ha habido cálculo en absoluto, o que, si lo hubo, el cálculo fue desechado. Sin cálculo y análisis, las decisiones políticas corren el riesgo de caer en la más llana irracionalidad.

Vistas en retrospectiva, algunas de las acciones más resonadas del primer año de Macri parecen encontrarse atravesadas por esta matriz de irracionalidad claramente evitable con un cálculo estratégico simple. El fabuloso DNU que pretendió instalar a Rosatti y a Rosenkrantz como jueces de la Corte Suprema, supuso que Macri firmara para la posteridad una expresa confesión de desprecio por las instituciones que hasta entonces decía defender. Únicamente una sobrevaloración de la propia percepción político-institucional podía suponer que aquel decreto no recibiría una andanada de críticas de todos los sectores, desplomándose por su propio peso.

Con el desproporcional 2000% de aumento en el valor del gas (luego reducido a un ‘algo-menos-desproporcional’ 400%) Macri actuó de modo semejante: ¿creía acaso que la creciente presión de las empresa privadas podía pasar por encima de la racionalidad en el gasto de los consumidores? Tiempo después llegó el comunicado conjunto entre Cancillería y el Reino Unido por las Islas Malvinas, donde la Argentina aceptaba “remover todos los obstáculos” (retrotrayendo el estatus del reclamo de soberanía a 1989) para habilitar la explotación económica de las Islas. Una vez más, solo si se anteponía la cerrazón ideológica del presidente (quien en los ’90 llegó a decir que las Islas serían “un fuerte déficit” para el país) puede entenderse la firma de un acuerdo internacional que estaba condenado al más hondo rechazo social.

En términos estratégicos, esta obstinación ideológica se presenta como un inesperado flanco débil del gobierno, una herida que el propio presidente se anima a exponer a la vista del campo popular, que podría explotarla para debilitarlo política y discursivamente.

Del puñado de medidas antes consideradas, solo el tarifazo fue confrontado de un modo que ampliaba el espectro social del rechazo más allá de los sectores politizados. La reacción contra el nombramiento de jueces por decreto, contra el acuerdo por Malvinas o contra el último DNU, se canalizó a través de declaraciones políticas y recursos judiciales movilizados desde estructuras institucionales formales. La lucha contra el tarifazo, en cambio, vio la articulación de sectores más amplios de la sociedad, que incluyó la formación de multisectoriales, el levantamiento de firmas y la protesta en las calles. La irracionalidad y la sensibilidad de las otras medidas también habilitaba la articulación de acciones equivalentes. Nada más hacía falta identificar el momento de obcecación ideológica y responder con estrategias que permitieran ampliar la base social del rechazo.

La ideología, sabemos, todo lo impregna. No hay decisión política, económica o social que pueda estar exenta de ideología. Pero para bien o para mal, el manejo de la política republicana, con su necesidad de articular consensos mayoritarios, demanda de una acción política siempre calculada y estratégica. Sabemos que las ideas no pueden imponerse si no hay una base social y material previamente dispuesta. Esta dificultad que ha demostrado Macri para actuar con ‘inteligencia’ en diversos escenarios coyunturales puede entenderse (excluida la mera torpeza) desde la obstinación ideológica. El DNU que afectó el 24 de marzo no admite otra explicación. Queda a la consideración de cada uno determinar cuáles de las múltiples medidas tendientes a aplastar los salarios y a paralizar la economía, se desprenden de la misma racionalidad; o mejor dicho, de la misma irracionalidad. En cualquier caso, toda irracionalidad expone un flanco débil del gobierno que el campo popular está obligado identificar y a explotar en su favor.


12/01/2017

Cuántos pobres se necesitan para hacer un rico

"Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Sólo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos."
Ernesto Che Guevara  (1965) El hombre nuevo.

10/01/2017

La verdadera revolución solo llega al final

"En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora, de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!"
Karl Marx (1980) Crítica del Programa de Gotha.



26/12/2016

Los gobiernos de izquierda y la tolerancia cero a la corrupción

"¿En qué país de América Latina, en gestión de gobierno, ex ministros están en la cárcel? Tenemos un ex alcalde de la segunda ciudad más importante de Bolivia, del Alto, en la cárcel. Si no hacíamos eso, y si no hacemos eso, corremos el riesgo de perder lo único que tiene un proceso revolucionario: su fuerza moral. Ha sido muy doloroso y ha sido un aprendizaje. Hemos encontrado que estaba sucediendo que de parte de los compañeros no había el suficiente control y había esta especie de permisividad basada en que son compañeros nuestros... pero en ese descuido se pone en riesgo tu propa moral y si tú no actúas de una manera fuerte, golpeándote a ti mismo, porque es tu propia gente, lo que haces socialmente es perder infinitamente tu fuerza moral, que es lo que te mantiene en pie... Una revolución no puede perder la fuerza moral, porque es lo único que tiene para combatir todo tipo de ataque. Ese es otro aprendizaje de todo tipo de revolución: por muy doloroso que sea, uno tiene que tener la valentía y la fuerza de poder cortarte tú, cortar el dedo infectado o la mano infectada. Tú cortártela, no que otro te la corte, porque cuando otros te la cortan te van a meter el cuchillo al corazón y de eso no te vas a poder reponer ni en una generación... Va a venir toda la jauría moralizante de la sociedad para descalificarte y si pierdes moralmente, pierdes generacionalmente. La peor derrota de un revolucionario es la derrota moral. Puedes perder elecciones, puedes perder militarmente, puedes perder la vida, pero sigue en pie tu principio y tu credibilidad. Cuando pierdes la moral, ya no te levantas. Va a ser otra generación, va a ser otro líder el que va a poder levantarse. Hay que protegerse, Así como en la gestión estatal la economía es lo fundamental, en preservación de tu liderazgo  lo fundamental es tu fuerza moral. Nunca permitas que te debiliten tu fuerza moral porque de eso tampoco te recuperas."
Álvaro García Linera (2016) en entrevista con Martín Granovsky.



19/12/2016

La misericordia de los poderosos

“Enero 9. Domingo. ¡Qué día difícil! En San Petesburgo hubo serios disturbios debido al deseo de algunos trabajadores de avanzar sobre el Palacio de Invierno. Las tropas debieron dispararles en distintos puntos de la ciudad. Hubo muchos muertos y heridos. ¡Dios, qué duro y doloroso! Mamá vino a vernos después de misa. Almorzamos todos juntos. Salimos de paseo con Misha. Mamá se quedó a pasar la noche con nosotros.”
Enero de 1905. Diario del Zar Nicolás.




17/12/2016

Que los de abajo no descubran que son mayoría

"Los esclavos romanos no tenían una vestimenta que los distinguiera. En una ocasión se propuso ante el senado dar a los esclavos un vestido distintivo, pero se consideró riesgoso ya que pondría en evidencia su número. (Sen. de Clem. i. 24.)"
William Smith (1859) A Dictionary of Greek and Roman Antiquities.




Aún la más honrosa muerte de un esclavo, no vale el honor de un hombre libre

“Al verse en tal aprieto, Espartaco mandó a formar todo su ejército. Cuando le trajeron su caballo, lo primero que hizo fue desenvainar la espada y sacrificarlo, diciendo: ‘Si acaso salgo victorioso, tendré muchos y hermosos caballos de mis enemigos, mas si soy vencido, no necesitaré ninguno’. Se dirigió entonces contra el propio Craso, llenándose de heridas entre las muchas armas romanas, y aunque no llegó hasta el general, quitó la vida a dos centuriones que se cruzaron en su paso. Finalmente, mientras los suyos huían, él se mantuvo firme, y al ser cercado por muchos, se defendió hasta que lo hicieron pedazos. Craso fue afortunado: cumplió con los deberes de un buen general sin dejar de poner en riesgo su persona... Pero no se atrevió a pedir a Roma la declaración de un triunfo solemne. Ni siquiera uno menos solemne, al que llaman ovación, parecía propio y digno por una guerra de esclavos.”
Plutarco (c.s.I-II) Las Vidas Paralelas: Tomo III. 




12/12/2016

La escuela que reproduce desigualdad: tres notas

“El ‘mantenimiento máximo de la desigualdad’ significa que la tasas de transición y el ratio de probabilidad entre origen social y transición educativa se mantienen iguales de una cohorte a otra a menos que se fuerce un cambio a través de una mayor matriculación.” (Raftery y Hout, 1993)
 “La educación debe ser entendida como un bien posicional, es decir, que su relevancia está no tanto en su valor intrínseco como en su capacidad de diferenciar entre quiénes la tienen y quiénes no. Esta hipótesis plantea que en un nivel educativo dado la desigualdad se mantiene hasta que comienza la saturación, es decir, que los jóvenes de diferentes orígenes sociales logran la titulación requerida en porcentaje considerable, cercano al 90%. Cuando esto sucede, las desigualdades empiezan a ser más importantes en el siguiente nivel educativo.” (Martínez García, 2011)
“Si el nivel educativo  de la familia es alto, se hará un sobreesfuerzo para que  su  hijo  mantenga  el  mismo  nivel  educativo  (efecto  techo),  por  el  contrario  si  el nivel educativo de la familia es bajo, no le van a dar tanta importancia, puesto que no pueden  descender  más,  a  que  los  resultados  educativos  de  sus  hijos  sean  buenos (efecto suelo).”  (García Higueras, 2015)


10/12/2016

La libertad de quién

"La libertad es una gran palabra, pero bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más expoliadoras y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha despojado a los trabajadores."

Vladimir Lenin (1971) “¿Qué hacer?” Obras Escogidas – Volumen I



09/12/2016

Desconfiar de las señales hasta que ya es tarde

“Me obligué a pensar cuál era el nuevo concepto [de nuestra época], y me quedó claro que era el riesgo, no solo el riesgo tecnológico y ecológico, sino también el riesgo en la vida y en el trabajo...  [Años después] Di una conferencia en Harvard en la que los americanos me dijeron que no creían en el concepto de riesgo. Ellos pensaban que no era más que una histeria europea. Luego llegaron los ataques terroristas y hubo una conversión completa. De pronto el terrorismo se convirtió en el principal riesgo.”

Ulrich Beck, entrevistado por Stuart Jeffries (2006) “Risky business” para The Guardian



05/12/2016

Lograr transformaciones mientras los que las piden no las ven

"La derecha me veía como un maldito, un traidor a mi clase. Para la izquierda era un burgués, un capitalista que no podría resolver la coyuntura de la época. Me había convertido en el burgués maldito, pero había logrado que los trabajadores tuvieran el 50% en la distribución de la riqueza."
Gelbard: Historia secreta del último burgués nacional (2006)




27/11/2016

A raíz de Fidel

Para un diario local (que al día de hoy todavía reivindica el Proceso), Fidel no hizo más que forjar “sueños que fueron pesadillas”.

¿En serio? ¿Será pesadilla la baja tasa de mortalidad infantil de Cuba, por debajo de la de los EEUU (ni qué hablar de México, Chile, Argentina, Brasil y otros marginales del capitalismo)? ¿Será pesadilla el acceso universal a uno de los sistemas de salud más completos del mundo, muy por encima de los EEUU (ni qué hablar de México, Chile, Argentina, Brasil y otros marginales del capitalismo)? ¿Será pesadilla el acceso universal a uno de los sistemas educativos más exitosos e igualitarios del mundo, mucho más que el de los EEUU (ni qué hablar de México, Chile, Argentina, Brasil y otros marginales del capitalismo)? ¿Y el acceso universal a la vivienda y al trabajo? (Es cierto, esta vivienda y este trabajo no supera al de los EEUU -centro global del capitalismo-; comparemos entonces con México, comparemos con Brasil, los PBI más alto de la América Latina. ¿Dónde habita la pesadilla?) ¿O será pesadilla entonces el estallido cultural que nos dio a algunos de los mejores cineastas, músicos y literatos de habla hispana del último medio siglo? No, tal vez la pesadilla sea, como escribía algún ‘periodista’ ayer, que Cuba tiene presos políticos. ¿Acaso supera en número al de los EEUU? (Claro, nunca nadie recuerda a los presos políticos de los EEUU.) O tal vez la pesadilla sea, como escribía otro ‘periodista’ ayer, que Fidel Castro tiene a sus espaldas la muerte de cientos de opositores. ¿Acaso Fidel, en 60 años de Revolución, rozó siquiera el número de muertes con el que deja su doble mandato el premio Nobel de la Paz Barak Obama? ¿Acaso las muertes con las que carga Fidel son las muertes de inocentes, ajenos a las disputas por el poder que solo responde a los principios del dinero y la propiedad? O tal vez la pesadilla sea, como escribe otro ‘periodista’ hoy, que Fidel no terminó con la pobreza en Cuba. ¿Acaso la pobreza cubana es peor que la de sus vecinos Haití, República Dominicana o (la colonia estadounidense de) Puerto Rico?

No, las únicas pesadillas que vivió y vive Cuba no son autoimpuestas, no son el resultado de una revolución que liberó, igualó, educó y cuidó al pueblo cubano. Las únicas pesadillas fueron el bloqueo comercial impuesto por los EEUU (para que no se contagie el socialismo en sus tierras) y que impidió al país comerciar libremente y crecer económica y tecnológicamente durante más de 60 años. Las únicas pesadillas fueron los golpes de Estado y las dictaduras que barrieron Latinoamérica durante los ’70 y ’80, delineadas desde Washington para extirpar la expansión de políticas socialistas que estaban destinadas a tender lazos con la isla rebelde. Las únicas pesadillas fueron la globalización neoliberal financiada por las corporaciones y la Secretaría de Estado de los EEUU, que destrozó los márgenes de maniobra nacionales haciendo que la política en todo el mundo se rindiera ante la libre y caprichosa circulación del dinero, multiplicando la pobreza mundial, las guerras y las cifras de desplazados, y empujando a Cuba a adentrarse en el pantanoso terreno del pseudo-capitalismo, lo que desmoralizó a su población y trastocó la escala de valores sociales, haciendo que el dinero ingrese como disciplinador de la vida social y cultural de la isla. Las únicas pesadillas fueron la guerra informativa y económica que todavía sacude a Latinoamérica, financiada por corporaciones locales y ONGs con recursos extranjeros, que debilitaron a los gobiernos progresistas de la región que estaban ayudando a devolver a Cuba su influencia y su centralidad en el debate político internacional.

¿O acaso hubiese habido pesadilla si los EEUU permitía que el socialismo cubano progresara libremente y sin trabas económicas? (¿Pero era dado imaginar una Cuba socialista exitosa a orillas de la Florida?) ¿O acaso hubiese habido pesadilla si los EEUU no impedía el movimiento hacia el socialismo en América Latina a fuerza de dictaduras y genocidio? (¿Pero era dado imaginar una América Latina unida por un ideal de justicia social a orillas del Caribe?) ¿O acaso hubiese habido pesadilla si el Consenso de Washington no licuaba las fronteras globales durante los ’90? ¿O si el progresismo latinoamericano continuaba su política de expansión de derechos y distribución de la riqueza sin que las embajadas de los EEUU intrigaran junto con los grandes grupos económicos? (¿Pero era dado imaginar una América Latina desafiando la lógica de acumulación de la riqueza que hoy es el sentido común del planeta?)

No, Cuba no fue una pesadilla, fue una anomalía en un sistema corrupto e inhumano, una anomalía que el sistema supo cercar y controlar, pero que no pudo suprimir. Esto solo ya es una victoria y una inspiración. Después de todo, las pesadillas y la violencia no las generan quienes liberan y reparten, sino quienes oprimen y someten. Fidel no forjó pesadillas, luchó contra ellas. Y son sus sueños y su lucha (nada menos) lo que nos ha dejado.




26/11/2016

El riesgo de los líderes eternos

“Si Mao hubiese muerto en 1956, sus logros hubiesen sido inmortales. Si hubiese muerto en 1966, todavía hubiese sido un gran hombre, aunque falible. Pero murió en 1976. Por todos los cielos, ¿qué podemos decir?”
Chen Yun, citado en “Big bad wolf”, The Economist (2006). 




21/11/2016

Cuando la verdad está en completa fuga y solo quedan los discursos

"No existe (o al menos, para la descripción histórica cuya posibilidad se traza aquí, no se puede admitir) una especie de discurso ideal, a la vez último e intemporal, al que elecciones de origen extrínseco habrían pervertido, atropellado, reprimido, propulsado hacia un futuro quizá muy lejano; no se debe suponer, por ejemplo, que haya sobre la naturaleza o sobre la economía dos discursos superpuestos y entrerrenglonados: uno, que se prosigue lentamente, que acumula sus conocimientos y poco a poco se completa (discurso verdadero, pero que no existe en su pureza más que en los confines teleológicos de la historia); el otro, siempre arruinado, siempre recomenzado, en perpetua ruptura consigo mismo, compuesto de fragmentos heterogéneos (discursos de opinión que la historia, al filo del tiempo, relega al pasado). No hay una taxonomía natural que haya sido exacta, con la excepción quizá del fijismo; no hay una economía del intercambio y de la utilidad que haya sido verdadera, sin las preferencias y las ilusiones de una burguesía comerciante. La taxonomía clásica o el análisis de las riquezas tales como han existido efectivamente, y tales como han constituido figuras históricas, comportan, en un sistema articulado pero indisociable, objetos, enunciaciones, conceptos y elecciones teóricas."
Michel Foucault (2008) La Arqueología del Saber.



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